Pongamos que, como yo (y la mayor parte de los espectadores) no has leído la obra original de Edgar Rice Burroughs. Pongamos que lo único que conoces de Tarzán son la adaptación de Disney y poco más. Confía en mí, no necesitarás saber más. El film de David Yates se asegura de que esta continuación encaje más o menos decentemente con la historia original, ofreciendo además unos flashbacks que ayudan a saber por qué suceden las cosas.
¿Qué ocurre? Pues que como historia está bien, pero no termina de encajar y eso se nota en la recaudación. Quizás sea por las lianas que miden kilómetros, o caídas de decenas de metros que desafían la física. Quizás sea porque los animales son demasiado digitales o porque Alexander Skarsgård se ha acostumbrado tanto a su papel en True Blodd que no sabe hacer de persona normal y corriente.
O quizás es porque Tarzán se merecía algo más que Margot Robbie y Christoph Waltz para ser atractiva.
